La primera vez que te extrañe
Por: Mayte Duarte
Hubo un día del mes de Julio, cuando la lluvia no dejaba de oler a melancolía; la ciudad flameaba de prisa y el tiempo ya no corría. Existió un lugar para las almas rotas, mí alma rota. Lleno de árboles mojados; personas corriendo en un circuito inundado de piedras rojizas; y un ambiente de brisa lenta, dentro de una ciudad caótica. Era yo, acostada en el pasto húmedo, con los ojos cerrados. No me explicaba el porqué me estaba sintiendo de esa manera. Estaba perdida, sola. No existía un solo pensamiento que me aliviará las penas. Ni el alcohol, ni mis desdichas; ni el olvido, ni los recuerdos fragmentados en realidades que nunca me pasaron.}
Por: Mayte Duarte
Hubo un día del mes de Julio, cuando la lluvia no dejaba de oler a melancolía; la ciudad flameaba de prisa y el tiempo ya no corría. Existió un lugar para las almas rotas, mí alma rota. Lleno de árboles mojados; personas corriendo en un circuito inundado de piedras rojizas; y un ambiente de brisa lenta, dentro de una ciudad caótica. Era yo, acostada en el pasto húmedo, con los ojos cerrados. No me explicaba el porqué me estaba sintiendo de esa manera. Estaba perdida, sola. No existía un solo pensamiento que me aliviará las penas. Ni el alcohol, ni mis desdichas; ni el olvido, ni los recuerdos fragmentados en realidades que nunca me pasaron.}

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