TÚ, Y NO HAY MÁS
No te he podido escribir nada. Mi corazón es necio y testarudo. Te suelta, pero te tiene amarrado de un hilo.
Desde el día que me marcaste en la madrugada pidiéndome que me alejara de tus labios carnosos repletos de alfileres; desde de tu huida a la luz de la luna. Ese día, que me pediste, que era imposible navegar en un mar, siendo tú, un marinero de agua dulce. Me escupiste palabras que no logré entender. No dejabas de repetir la misma basura: "No puedo seguir tu ritmo", decías innumerables veces, mientras no dejabas de aclamar lo mucho qué me amabas, con la voz cortada. Yo, desde el otro lado del teléfono, quería borrar tus lagrimas qué seguía sin entender. Al final de todo, siempre fuiste tú mi prioridad. Quería darte el mundo entero, porqué te lo merecías, porqué siempre pensé qué eras tú. En mi intento fallido, la única qué podía avanzar en este mar era yo.Ese pensamiento persistió por unos días, me consoló, pero no estaba satisfecha. Yo internamente no te lloraba, porqué sabía que esas lagrimas no irían para ningún frasco de memorias fallidas, solo caerían de más. Sabía que mis cicatrices y tus labios aún tenían historias juntas. Solo tenía qué ser paciente, porque esa fue la virtud más grande que tú me enseñaste, desde un inicio. Me mostraste con hechos, que uno mismo no debe rendirse por alguien qué ama de verdad. Aprendí contigo la importancia de la perseverancia y de mantener la calma. Sabías la tormenta que era, y aún así te aventuraste, con mucha paciencia. Eso mismo hice, y en una madrugada me entro tu llamada.
Por ahora es todo...
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