Me imaginaba en un lugar lejos de la ciudad, un sitio en dónde las coincidencias eran parte de una gama infinita de presagios. No era nada parecido a una ciudad, mucho menos a un pueblo. Era algo fuera de lo tangible. Podría pintar mis sueños de color naranja y al mismo tiempo reinventarte en forma de aroma sabor Septiembre. Construyó sonidos, creó emociones más allá del margen.
Mi lugar perfecto es ese en donde ambos nos reencontramos después de unas cuantas estaciones. Ahí estoy, sin prejuicios ni daños. Solo pensando en aquellos vasos de cristal.

Comentarios
Publicar un comentario